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domingo, 29 de enero de 2017

LA GALLINA DE LOS HUEVOS DE ORO


Érase un labrador tan pobre, tan pobre, que ni siquiera poseía una vaca.

Era el más pobre de la aldea. Y resulta que un día, trabajando en el campo y lamentándose de su suerte, apareció un enanito que le dijo:
-Buen hombre, he oído tus lamentaciones y voy a hacer que tu fortuna cambie. Toma esta gallina; es tan maravillosa que todos los días pone un huevo de oro.

El enanito desapareció sin más ni más y el labrador llevó la gallina a su corral.
Al día siguiente, ¡oh sorpresa!, encontró un huevo de oro. Lo puso en una cestita y se fue con ella a la ciudad, donde vendió el huevo por un alto precio. Al día siguiente, loco de alegría, encontró otro huevo de oro.


¡Por fin la fortuna había entrado a su casa! Todos los días tenía un nuevo huevo.
Fue así que poco a poco, con el producto de la venta de los huevos, fue convirtiéndose en el hombre más rico de la comarca.
Sin embargo, una insensata avaricia hizo presa su corazón y pensó:“¿Por qué esperar a que cada día la gallina ponga un huevo? Mejor la mato y descubriré la mina de oro que lleva dentro”.
Y así lo hizo, pero en el interior de la gallina no encontró ninguna mina.


A causa de la avaricia tan desmedida que tuvo, este tonto aldeano malogró la fortuna que tenía.





FIN
Fábula atribuida a Esopo

viernes, 27 de enero de 2017

EL COCINERO EN NOCHEBUENA



Ésta es la historia de un cocinero que debía preparar una sabrosa cena de Nochebuena. Había trabajado tanto durante los meses precedentes que se vio abandonado por la inspiración, precisamente en la época más importante del año. Pasaba el día pensando e ideando menús navideños, sin que ninguno de ellos lograra satisfacerle. Así llegó la víspera de Navidad y él seguía huérfano de ideas.

Tan cansado estaba que le pudo el sueño y se quedó dormido sobre la mesa de la cocina, rodeado de libros y cuadernos de recetas. Se vio convertido en un orondo Papá Noel con su abultado saco al hombro, y viajando a bordo de un bello trineo que se deslizaba silencioso por la nieve al son de un dulce tintineo de campanillas. Desconocía el lugar al que se dirigía, pero intuía que el trineo conocía su destino. Porque debo decir que el vehículo que le transportaba no era tirado por ciervos ni por renos, sino que únicamente se desplazaba guiado por una fuerza invisible.

Una vez finalizado el viaje, el trineo se detuvo ante una rústica casita en el bosque, de cuya chimenea escapaba un inmaculado y cálido humo blanco. Llamó a la puerta y ésta se abrió al instante, sin que nadie apareciera tras ella. Entró en la casa y halló un bello salón decorado con toques navideños que provocó en él una profunda y hogareña sensación. Un pequeño abeto le hacía guiños junto a la chimenea encendida, cuyos troncos crepitaban e iluminaban la estancia con sus llamas, y de la que colgaban unos calcetines de bellos colores, esperando ser llenados de regalos. En el centro de la estancia, una acogedora mesa, bellamente dispuesta y con las velas encendidas, esperaba ser cubierta de manjares. No había nadie a su alrededor, y sin embargo se sentía acompañado por presencias invisibles que él percibía, aún sin verlas. Depositó el saco en el suelo y se dispuso a abrirlo. Desconocía lo que podía albergar y por un momento sintió que su corazón latía con más fuerza. Se sentó en una mullida butaca junto a la chimenea y con manos temblorosas empezó a extraer el contenido.

Lo primero que apareció fue una bella sopera con una reconfortante Sopa de Crema, hecha con una gallina entera, aderezada con unos diminutos dados de su pechuga. Levantó la tapa y una oleada de vapor repleto de aromas empañó sus gafas. Después, un dorado y casi líquido Queso Camembert hecho al horno, con aromas de ajo y vino blanco, acompañado de un crujiente pan hizo que su boca se llenara de agua. Hundió la nariz en él y lo depositó sobre la mesa. Su tercer hallazgo fue una Pierna de Cerdo rellena con ciruelas pasas y beicon ahumado que venía acompañada de un sin fin de guarniciones, a cual más apetitosas: cremoso puré de patata aromatizado con aceite de ajo y con mostaza, salsas agridulces y chutneys irresistibles, compota de manzana con vinagre y miel… ¡de ensueño! Dispuso la inmensa fuente en el centro de la mesa y aspiró los intensos aromas que aquella sinfonía de contrastes culinarios le ofrecía. En un rincón del salón, reparó en una mesita auxiliar dispuesta para los postres y allí colocó un crujiente Strudel de Manzana y nueces y una espectacular Anguila de Mazapán, una dulcera de cristal que albergaba una deliciosa Compota de Navidad al Oporto y un insólito Helado de Polvorones. Apenas podía creer lo que estaba sucediendo, se sentía embargado por la emoción. El menú tocaba a su fin y comprendió que era hora de abandonar aquella cálida casita, para dejar que sus moradores disfrutaran en la intimidad de las exquisitas viandas que había traído en su saco. Pensó que los manjares se enfriarían si no lo hacía pronto, pero comprendió que el calor, material y espiritual, que invadía todos y cada uno de los rincones de la estancia se encargaría de mantenerlos a la temperatura adecuada.

Como toque final a su visita, llenó los calcetines de la chimenea con figuritas de mazapán, polvorones y turrones, que sin duda harían las delicias de los niños… y de los menos niños. Le despertó el borboteo de un caldo que había dejado en el fuego y que amenazaba con desbordar el puchero. Era ya de madrugada, pero aún tenía tiempo de ponerse manos a la obra y elaborar el menú de la casita del bosque. La fuerza invisible que guiaba el trineo no era otra cosa que el amor que el cocinero sentía por el mundo de la cocina.


FIN

miércoles, 25 de enero de 2017

LA NIT DE REIS



Hi havia una vegada un nen molt capritxós que s’anomenava Jordi. Desitjava tot el que veia al seu al voltant. Mai en tenia prou i sempre en volia més i més. Un any, quan s’apropava el Nadal, en Jordi va escriure la seva carta als Reis Mags. Era una carta llarga ... llarguíssima! Demanava als Reis de tot: tot el que anunciaven a la televisió, tot el que veia en els aparadors de les botigues, tot el que sabia que ha havien demanat els seus amics, fins i tot diverses joguines que s'havia inventat ell mateix, i que ni tan sols existien. . .. Entre totes les coses que en Jordi demanava a les seves Majestats, n’hi havia una molt especial: un dinosaure de debò i de mida natural. I en això, en Jordi insistia molt a la seva carta. Va arribar la nit de Reis i el nen se’n va anar al llit. Estava molt nerviós. Li semblava escoltar sorolls i fins i tot sentia l'olor dels camells. Però tancava les parpelles amb força per a intentar adormir-se. Al final, quan van cessar els sorolls, va obrir els ulls i va trobar la seva habitació plena de joguines. Però, el dinosaure no apareixia per enlloc.

-El meu dinosaure! Vull el meu dinosaure! -cridava en Jordi mentre feia rebacaneries com un boig. Llavors es va fixar en un enorme ou que estava en un racó de l’habitació i, en ple atac de ràbia, zas!, li va donar una cop de peu. En aquest moment es va trencar la closca i apareixé un petit dinosaure. En Jordi, finalment, va somriure satisfet. Però aquell petit dinosaure va començar a créixer a tota velocitat. AL cap d'un minut omplia tota l'habitació. Llavors, el gegantesc animal va agafar a en Jordi per un braç, el va aixecar com una ploma i se’l va endur fins a la boca per a menjar-se’l.

-i Nooo. ..! NOO...O! -cridava el pobre nen entre les urpes, del monstre. Els crits d’en Jordi es van escoltar per tota la casa. Els seus pares van acudir corrent a l'habitació i van començar a sacsar-lo perquè es despertés. -Ah, encara sort! Només ha estat un malson! -va exclamar alleujat el nen. Des d'aquest dia, en Jordi va canviar molt. Va deixar de ser tan capritxós i va començar a conformar-se amb qualsevol cosa. A l'any següent, no va demanar res especialment. Solament els va posar als Reis una condició: el que portessin no podia ser més gran que una bicicleta.

FI

CARLO FRABETTI
Contes per a nens ansiosos (Adaptació).


jueves, 19 de enero de 2017

EL HOMBRE DE JENGIBRE




Érase una vez, una mujer viejecita que vivía en una casita vieja en la cima de una colina, rodeada de huertas doradas, bosques y arroyos. A la vieja le encantaba hornear, y un día de Navidad decidió hacer un hombre de jengibre. Formó la cabeza y el cuerpo, los brazos y las piernas. Agregó pasas jugosas para los ojos y la boca, y una fila en frente para los botones en su chaqueta. Luego puso un caramelo para la nariz. Al fin, lo puso en el horno.

La cocina se llenó del olor dulce de especias, y cuando el hombre de jengibre estaba crujiente, la vieja abrió la puerta del horno. El hombre de jengibre saltó del horno, y salió corriendo, cantando

- ¡Corre, corre, tan pronto como puedas! No puedes alcanzarme. ¡Soy el hombre de jengibre!

La vieja corrió, pero el hombre de jengibre corrió más rápido.

Con la carrera que se pegó el dulce, pronto llegó a un granero donde trabajaban unos hombres. El Chico de Jengibre les chilló sin parar de correr:

"He huído de una viejilla, he huído de un viejillo, ¡y también puedo huír de vosotros!"

Los trilladores entendieron la frase absurda del ser de jengibre como un desafío, y como todos eran muy chulos y muy peleones, se pusieron a correr tras el Chico de Jengibre, pero por mucho que corrieron no le alcanzaron. El chico siguió corriendo hasta que llegó a un campo lleno de segadores trabajando. El jóven galleta chilló:

"He huído de una viejilla, he huído de un viejillo, he huído de un granero lleno de trilladores, ¡y también puedo huír de vosotros!"

Los segadores que tenían muy pocas ganas de trabajar y sí muchas ganas de callarle la boca al jengibre corredor, se fueron a por él, pero tampoco le pudieron alcanzar. El chico siguió con sus prisas y llegó hasta un prado donde había una vaca que estaba pastando tan ricamente. El chico dulce le chilló a ésta también:

Pronto se encontró con una vaca.

   -¡Alto hombrecito! – mugió la vaca. – Te ves muy sabroso.

 Pero el hombrecito de jengibre simplemente se puso a correr más rápido, cantando:

Corría y corría la vaca, pero no pudo alcanzarlo.

 Más allá se encontró con un caballo:

– ¡Alto hombrecito! – relinchó el caballo.- Pareces ser muy sabroso y tengo hambre.

Se puso a correr más rápido, galopaba y galopaba el caballo, lo más rápido que podía, pero no pudo alcanzarlo.

– Me escapé de unos viejos y de una vaca. – gritaba el hombrecito de jengibre, cantando a medida que corría:

   – ¡Corran, corran todo lo que puedan! ¡A mí no me podrán agarrar! ¡Soy el hombrecito de jengibre!.

Y siguió corriendo, cada vez más lejos y cada vez más rápido. Se sentía feliz y orgulloso de su rapidez.

– ¡Corran, corran todo lo que puedan! ¡A mí no me podrán agarrar! ¡Soy el hombrecito de jengibre!

"He huído de una viejilla, he huído de un viejillo, he huído de un granero lleno de trilladores, he huído de un campo lleno de segadores, ¡y también puedo huír de ti!"

El hombre de jengibre se encontró con un pato que dijo

- ¡Cua, cua! ¡Hueles delicioso! ¡Quiero comerte!

Pero el hombre de jengibre siguió corriendo. El pato lo persiguió balanceándose, pero el hombre de jengibre corrió más rápido. Cuando el hombre de jengibre corrió por las huertas doradas, se encontró con un cerdo que cortaba paja. El cerdo dijo:

- ¡Para, hombre de jengibre! ¡Quiero comerte!



Pero el hombre de jengibre siguió corriendo. El cerdo lo persiguió brincando, pero el hombre de jengibre corrió más rápido. En la sombra fresca del bosque, un cordero estaba picando hojas. Cuando vio al hombre de jengibre, dijo:

- ¡Bee, bee! ¡Para, hombre de jengibre! ¡Quiero comerte!

Pero el hombre de jengibre siguió corriendo. El cordero lo persiguió saltando, pero el hombre de jengibre corrió más rápido. Más allá, el hombre de jengibre podía ver un río ondulante. Miró hacia atrás sobre el hombro y vio a todos los que estaban persiguiéndole.



- ¡Paa! ¡Paa! exclamó la vieja.

- ¡Cua, cua! graznó el pato.

- ¡Oink! ¡Oink! gruñó el cerdo.

- ¡Bee! ¡bee! — baló el cordero

Pero el hombre de jengibre se rió y continuó hacia el río. Al lado del rio, vio a un zorro. Le dijo al zorro:

- He huido de la vieja y el pato y el cerdo y el cordero. ¡Puedo huir de ti también! ¡Corre, corre, tan pronto como puedas! No puedes alcanzarme. ¡Soy el hombre de jengibre!

Pero el zorro astuto sonrió y dijo:

- Espera, hombre de jengibre. ¡Soy tu amigo! Te ayudaré a cruzar el río. ¡Échate encima de la cola!

El hombre de jengibre echó un vistazo hacia atrás y vio a la vieja, al pato, al cerdo y al cordero acercándose. Se echó encima de la cola sedosa del zorro, y el zorro salió nadando en el río. A mitad de camino, el zorro le pidió que se echara sobre su espalda para que no se mojara. Y así lo hizo. Después de unas brazadas más, el zorro dijo:



- Hombre de jengibre, el agua es aun más profunda. ¡Échate encima de la cabeza!

- ¡Ja, Ja! Nunca me alcanzarán ahora rió el hombre de jengibre.

- ¡Tienes la razón! chilló el zorro.

El zorro echó atrás la cabeza, tiró al hombre de jengibre en el aire, y lo dejó caer en la boca. Con un crujido fuerte, el zorro comió al hombre de jengibre.



La vieja regresó a casa y decidió hornear un pastel de jengibre en su lugar:


Moraleja: 
No siempre se gana y siempre 
habrá alguien más listo que 
intentará salirse con la suya.


Galletas de jengibre:

Pero no terminamos aquí, ¿os gustaría hacer un muñeco como el de nuestro cuento?. Aquí tenéis la forma:

4 tazas de harina
1 cucharada de levadura en polvo
2 cucharaditas de jengibre molido
2 cucharaditas de canela molida
1/4 cucharadita de clavo molido
1 taza de mantequilla a temperatura ambiente
1 taza de azúcar moreno
1 huevo grande
1/2 taza de miel o melaza
Preparación de las galletas de jengibre:

Preparación de las galletas de jengibre:

Mezclamos bien los ingredientes secos, es decir, la harina, jengibre, levadura, canela y clavo. Batimos la mantequilla, que estará a temperatura ambiente, con el azúcar hasta que éste se disuelva completamente. Incorporamos la miel o melaza y el huevo, y finalmente incorporamos la mezcla de la harina con las especias. Tenemos que conseguir una mezcla lo más homogénea posible. Si se queda excesivamente pegajosa podemos incorporar algo más de harina hasta que quede más firme y manejable (pero no pongáis demasiada harina ya que si no es posible que las galletas queden demasiado duras al hornearlas).

Colocar la masa en una bolsa de plástico sellable o en un recipiente de plástico hermético. Reservar en un lugar fresco, pero no en la nevera, durante al menos 2 horas y máximo 6 horas. O refrigerar la masa durante un máximo de 3 días, y llevar a temperatura ambiente antes de usar.

Estirar la masa directamente sobre papel de pergamino para que no haya deformaciones cuando transfieras la masa a la bandeja de horno.

La masa es pegajosa. Se puede extender con el rodillo entre dos hojas de papel de pergamino o de horno y luego congelar antes de cortar con los moldes, ya que puede resultar difícil desprender el papel.

Ahora llega el momento de cortar vuestras galletas de jengibre y darles la forma de hombrecito de jengibre o la forma que más os guste.

Hornear en horno precalentado a 180ºC durante 11 a 15 minutos para piezas de gran tamaño, de 6 a 8 minutos para piezas pequeñas. O hasta que los bordes se tiñen de color marrón. Vigilad bien las primeras para saber cuánto tiempo tenéis que dejarlas porque dependerá mucho del grosor de la galleta y de la potencia de vuestro horno.

Por si queréis un patrón para hacer el muñeco, cuelgo uno:





FIN

miércoles, 18 de enero de 2017

EL GATO CON BOTAS




Un molinero dejó como única herencia a sus tres hijos, su molino, su burro y su gato. El reparto fue bien simple: no se necesitó llamar ni al abogado ni al notario. Habrían consumido todo el pobre patrimonio.

El mayor recibió el molino, el segundo se quedó con el burro, y al menor le tocó sólo el gato. Este se lamentaba de su mísera herencia:


-Mis hermanos, decía, podrán ganarse la vida convenientemente trabajando juntos; lo que es yo, después de comerme a mi gato y de hacerme un manguito con su piel, me moriré de hambre.
El gato, que escuchaba estas palabras, pero se hacía el desentendido, le dijo en tono serio y pausado:

-No debéis afligiros, mi señor, no tenéis más que proporcionarme una bolsa y un par de botas para andar por entre los matorrales, y veréis que vuestra herencia no es tan pobre como pensáis.

Aunque el amo del gato no abrigara sobre esto grandes ilusiones, le había visto dar tantas muestras de agilidad para cazar ratas y ratones, como colgarse de los pies o esconderse en la harina para hacerse el muerto, que no desesperó de verse socorrido por él en su miseria.

Cuando el gato tuvo lo que había pedido, se colocó las botas y echándose la bolsa al cuello, sujetó los cordones de ésta con las dos patas delanteras, y se dirigió a un campo donde había muchos conejos. Puso afrecho y hierbas en su saco y tendiéndose en el suelo como si estuviese muerto, aguardó a que algún conejillo, poco conocedor aún de las astucias de este mundo, viniera a meter su hocico en la bolsa para comer lo que había dentro. No bien se hubo recostado, cuando se vio satisfecho. Un atolondrado conejillo se metió en el saco y el maestro gato, tirando los cordones, lo encerró y lo mató sin misericordia.


Muy ufano con su presa, se fue donde el rey y pidió hablar con él. Lo hicieron subir a los aposentos de Su Majestad donde, al entrar, hizo una gran reverencia ante el rey, y le dijo:

-He aquí, Majestad, un conejo de campo que el señor marqués de Carabás (era el nombre que inventó para su amo) me ha encargado obsequiaros de su parte.

-Dile a tu amo, respondió el rey, que le doy las gracias y que me agrada mucho.

En otra ocasión, se ocultó en un trigal, dejando siempre su saco abierto; y cuando en él entraron dos perdices, tiró los cordones y las cazó a ambas. Fue en seguida a ofrendarlas al rey, tal como había hecho con el conejo de campo. El rey recibió también con agrado las dos perdices, y ordenó que le diesen de beber.

El gato continuó así durante dos o tres meses llevándole de vez en cuando al rey productos de caza de su amo. Un día supo que el rey iría a pasear a orillas del río con su hija, la más hermosa princesa del mundo, y le dijo a su amo:

-Sí queréis seguir mi consejo, vuestra fortuna está hecha: no tenéis más que bañaros en el río, en el sitio que os mostraré, y en seguida yo haré lo demás.

El marqués de Carabás hizo lo que su gato le aconsejó, sin saber de qué serviría. Mientras se estaba bañando, el rey pasó por ahí, y el gato se puso a gritar con todas sus fuerzas:

-¡Socorro, socorro! ¡El señor marqués de Carabás se está ahogando!

Al oír el grito, el rey asomó la cabeza por la portezuela y reconociendo al gato que tantas veces le había llevado caza, ordenó a sus guardias que acudieran rápidamente a socorrer al marqués de Carabás. En tanto que sacaban del río al pobre marqués, el gato se acercó a la carroza y le dijo al rey que mientras su amo se estaba bañando, unos ladrones se habían llevado sus ropas pese a haber gritado ¡al ladrón! con todas sus fuerzas; el pícaro del gato las había escondido debajo de una enorme piedra.


El rey ordenó de inmediato a los encargados de su guardarropa que fuesen en busca de sus más bellas vestiduras para el señor marqués de Carabás. El rey le hizo mil atenciones, y como el hermoso traje que le acababan de dar realzaba su figura, ya que era apuesto y bien formado, la hija del rey lo encontró muy de su agrado; bastó que el marqués de Carabás le dirigiera dos o tres miradas sumamente respetuosas y algo tiernas, y ella quedó locamente enamorada.

El rey quiso que subiera a su carroza y lo acompañara en el paseo. El gato, encantado al ver que su proyecto empezaba a resultar, se adelantó, y habiendo encontrado a unos campesinos que segaban un prado, les dijo:

-Buenos segadores, si no decís al rey que el prado que estáis segando es del marqués de Carabás, os haré picadillo como carne de budín.

Por cierto que el rey preguntó a los segadores de quién era ese prado que estaban segando.

-Es del señor marqués de Carabás, dijeron a una sola voz, puesto que la amenaza del gato los había asustado.

-Tenéis aquí una hermosa heredad, dijo el rey al marqués de Carabás.

-Veréis, Majestad, es una tierra que no deja de producir con abundancia cada año.

El maestro gato, que iba siempre delante, encontró a unos campesinos que cosechaban y les dijo:

-Buena gente que estáis cosechando, si no decís que todos estos campos pertenecen al marqués de Carabás, os haré picadillo como carné de budín.

El rey, que pasó momentos después, quiso saber a quién pertenecían los campos que veía.

-Son del señor marqués de Carabás, contestaron los campesinos, y el rey nuevamente se alegró con el marqués.

El gato, que iba delante de la carroza, decía siempre lo mismo a todos cuantos encontraba; y el rey estaba muy asombrado con las riquezas del señor marqués de Carabás.

El maestro gato llegó finalmente ante un hermoso castillo cuyo dueño era un ogro, el más rico que jamás se hubiera visto, pues todas las tierras por donde habían pasado eran dependientes de este castillo.

El gato, que tuvo la precaución de informarse acerca de quién era éste ogro y de lo que sabia hacer, pidió hablar con él, diciendo que no había querido pasar tan cerca de su castillo sin tener el honor de hacerle la reverencia. El ogro lo recibió en la forma más cortés que puede hacerlo un ogro y lo invitó a descansar.

-Me han asegurado, dijo el gato, que vos tenias el don de convertiros en cualquier clase de animal, que podíais, por ejemplo, transformaros en león, en elefante.

-Es cierto, respondió el ogro con brusquedad, y para demostrarlo, veréis cómo me convierto en león.

El gato se asustó tanto al ver a un león delante de él que en un santiamén se trepó a las canaletas, no sin pena ni riesgo a causa de las botas que nada servían para andar por las tejas.

Algún rato después, viendo que el ogro había recuperado su forma primitiva, el gato bajó y confesó que había tenido mucho miedo.

-Además me han asegurado, dijo el gato, pero no puedo creerlo, que vos también tenéis el poder de adquirir la forma del más pequeño animalillo; por ejemplo, que podéis convertiros en un ratón, en una rata; os confieso que eso me parece imposible.

-¿Imposible?, repuso el ogro, ya veréis; y al mismo tiempo se transformó en una rata que se puso a correr por el piso.

Apenas la vio, el gato se echó encima de ella y se la comió.

Entretanto, el rey que al pasar vio el hermoso castillo del ogro, quiso entrar. El gato, al oír el ruido del carruaje que atravesaba el puente levadizo, corrió adelante y le dijo al rey:

-Vuestra Majestad sea bienvenida al castillo del señor marqués de Carabás.

-¡Cómo, señor marqués, exclamó el rey, este castillo también os pertenece! Nada hay más bello que este patio y todos estos edificios que lo rodean; veamos el interior, por favor.

El marqués ofreció la mano a la joven princesa y, siguiendo al rey que iba primero, entraron a una gran sala donde encontraron una magnífica colación que el ogro había mandado preparar para sus amigos que vendrían a verlo ese mismo día, los cuales no se habían atrevido a entrar, sabiendo que el rey estaba allí.

El rey, encantado con las buenas cualidades del señor marqués de Carabás, al igual que su hija, que ya estaba loca de amor, viendo los valiosos bienes que poseía, le dijo, después de haber bebido cinco o seis copas:

-Sólo dependerá de vos, señor marqués, que seáis mi yerno.

El marqués, haciendo grandes reverencias, aceptó el honor que le hacia el rey; y ese mismo día se casó con la princesa. El gato se convirtió en gran señor, y ya no corrió tras las ratas sino para divertirse.





MORALEJA
En principio parece ventajoso
contar con un legado sustancioso
recibido en heredad por sucesión;
más los jóvenes, en definitiva
obtienen del talento y la inventiva
más provecho que de la posición.

OTRA MORALEJA

Si puede el hijo de un molinero
en una princesa suscitar sentimientos
tan vecinos a la adoración,
es porque el vestir con esmero,
ser joven, atrayente y atento
no son ajenos a la seducción.








domingo, 4 de diciembre de 2016

EL LOBO Y LA LUNA



Había un lobo que de tanto aullarle a la luna terminó perdidamente enamorado de ella. “Amor imposible…!!!”, decían los otros lobos.”Donde se ha visto un lobo astronauta…!!!” se burlaban otros. Hasta los cachorros opinaban diciendo “será el primer lobo en llegar a la luna..???” Y algunas lobas celosas comentaban unas a otras, “si no deja de pensar en la luna se va a quedar sin ninguna. Pero al lobo esto no lo desanimaba, porque sabía bien lo que quería. Mas bien buscaba la manera de llegar a ella. Por fin de tanto pensar y de poco dormir (aunque el no necesitaba dormir para soñar) encontró la solución para reunirse con ella y así confesarle el profundo amor que sentía. El iluso enamorado, ascendería a la mas alta montaña del mundo, jamás escalada por nadie. (Tonterías estarán, pero es que para el amor no hay nada imposible). Demás está decirles, cuanto sufrió y cuan agotado llegó a la cúspide de esa montaña. Por fin estaba tan cerca de su amada, solo un gran salto los separaba, pero no hay que negar que sintió miedo, y su gran amor pudo mas que el temor.Tragándose el miedo retrocedió algunos pasos y…fue entonces cuando dio el mas grande salto de toda su vida. Este cuento no indica que pasó con el lobo,pero desde entonces todos los demás lobos miran a la luna para ver si pueden encontrar al lobo enamorado y le aúllan a ella como si le reclamaran por el. 

martes, 17 de noviembre de 2015

LA VÍBORA Y LA CULEBRA DE AGUA




Todos los días, acudía una víbora a saciar su sed a las aguas de un manantial.
Un manantial en el que moraba una culebra de agua a
la que molestaba enormemente la presencia de la
víbora, ya que pensaba que tenía más que suficiente
con su dominio de la tierra.

Tal mal se pusieron las cosas, que decidieron resolver
sus diferencias en un combate, en el que la ganadora
se quedaría con la posesión del manantial. Una vez
fijada la cita, las ranas, a las que no les caía bien la 
culebra, se acercaron a la víbora para prometerle
que la ayudarían a derrotar a su enemiga.

Comenzaron a luchar y el grupo de las ranas tan solo
animaba desde lejos a su favorita. Victoriosa la víbora,
comenzó a lanzarles todo tipo de improperios a las
ranas por no cumplir con lo que le habían prometido.

Cuando esta se hubo calmado, las ranas contestaron:

-Nosotras te hemos ayudado tal y como prometimos. La 
culpa es tuya si creíste que en lugar de animarte, 
pensaste que íbamos a pelear por ti.

MORALEJA
Tan importante es el incentivo como la tarea 
En la lucha diaria tan importante es el estímulo como la acción.

domingo, 14 de abril de 2013

El Hilo Rojo



Cuenta una vieja leyenda china....
... Que el abuelo de la Luna ata un hilo rojo en la muñeca de cada niño que nace, ese hilo está atado a muchos otros hilos, que a su vez sujetan las muñecas de todas las personas con las que ese niño está destinado a encontrarse...
A medida que el bebé crece, los hilos se van acortando, acercando cada vez más a aquellas personas que están destinadas a reunirse a pesar del tiempo, del lugar o de las circunstancias, el hilo puede tensarse o enredarse, pero nunca se romperá.
Tal vez esta leyenda tenga parte de verdad, porque es innegable que existe algo que nos une y nos hace encontrarnos con la persona adecuada o destinada. En nuestra vida, podemos conocer a muchas personas, pero siempre existen aquellas que son especiales y es como si hubiera algún lazo invisible que nos une a estas personas para siempre. Por eso a veces se tiene la sensación, cuando nos enamoramos, de que ya queríamos a esa persona antes incluso de conocerla.
¿Y tú, has encontrado a la persona que está en la otra punta de tu hilo rojo?

Cuento corto.


sábado, 13 de abril de 2013

EL HADA DE LOS NIÑOS

De su lejano reino, volando silenciosa, El hada de los niños, más bella que una rosa, Llega toda vestida de luz, y coronada de ardientes amapolas. ¡Oh misteriosa hada! De sueños mil felices, su rostro brilla lleno, y del dormido infante sobre el rostro sereno se inclina vaporosa, ir acariciando leve los dorados cabellos con su mano de nieve, Bajo la sombra quieta de la tierna pupila.  Visión rauda de ensueños en tumulto desfila. Pasan en gran cortejo muñecas sonrientes, Soldados diminutos, de armaduras lucientes, Prados de flores llenos, y blancos corderillos, Osos de piel de seda, alegres geniecillos, Caballitos enanos, mariposas gigantes, Países misteriosos y trompetas sonantes.



Fin